La culpa es de los poetas
pararrayos celestes
por mirar a través del lente de sus ojos telescópicos,
por saber llorar, reír y sentir frío
y por decir te quiero sin decirlo.
Violen las casas de los videntes.
Burlen la alquimia secreta entre sus libros.
Rapten a sus mujeres, a sus musas, y descuarticen a sus hijos.
Vejen las rebelión del pensamiento
desde sus trincheras del odio.
Mátenlos a traición,
denles a comer cebollas
burlas, dolor y hastío
y les devolverán nanas para arrullar niños.
Déjalos morir tuberculosos y desnudos
en el campo de batalla del mundo
y enciérralos por siempre en la celda del olvido.