viernes, 9 de diciembre de 2011


Siddharta

Anoche soñé contigo, gran Siddharta. Déjame pronunciar tu nombre hermoso y perfecto, y que resuene un eco de paz en la cueva que me habita. Te vi. Me acerqué lentamente y te contemplé por un momento. Eras tú, tan íntegro en ti mismo en medio de la nada, y la nada se volvía bajo tus pies tierra fértil y brisa dulce y discreta sobre tus cabellos negros. Anoche lloré de alegría. Oh Siddharta, imagen más pura y hermosa, quise abrazarte, Shakyamuni, mas no soy digna de ti, presa de mis pasiones en una arista del Samsara. Te perdí, gran Gautama; me desperté antes de tiempo, y en mi cruda vigilia ya no te encuentro. Gran Buda, quiero soñarte de nuevo, pero está vez con los ojos abiertos, sentir tu abrazo infinito y escuchar tu voz incomparable habitando el más puro silencio.

lunes, 22 de agosto de 2011

Será culpa de poetas



La culpa es de los poetas

pararrayos celestes

por mirar a través del lente de sus ojos telescópicos,

por saber llorar, reír y sentir frío

y por decir te quiero sin decirlo.

Violen las casas de los videntes.

Burlen la alquimia secreta entre sus libros.

Rapten a sus mujeres, a sus musas, y descuarticen a sus hijos.

Vejen las rebelión del pensamiento

desde sus trincheras del odio.

Mátenlos a traición,

denles a comer cebollas

burlas, dolor y hastío

y les devolverán nanas para arrullar niños.

Déjalos morir tuberculosos y desnudos

en el campo de batalla del mundo

y enciérralos por siempre en la celda del olvido.