
A La Parkita y Espectrito Jr.
In Loving Memory
Fue una noche salvaje. El público extasiado era un huracán de gritos, chiflidos y mentadas de madre. Los enmascarados cobraron su falsa venganza. Se apagaron las luces de colores. Se fueron las rubias, las morenas y las pelirrojas de farmacia. Por unas horas, en el corazón de la arena, los hombres dejaron de ser hombres para volverse guerreros, se olvidaron nombres y apellidos y ganaron bajo el anonimato minutos de gloria. Tras una máscara nadie sabe quién es quien y revelar la identidad de un guerrero es como cortarle a Sansón el pelo. El misterio le hizo la guerra al misterio. Terminó el enfrentamiento entre el bien y el mal. El corazón de la arena latió incesante. Se apagaron las estrellas y los foquitos blancos, rojos y dorados que iluminan la Coliseo. Sólo dos estrellas enanas salieron de la arena en llamas vibrando en un collage de emociones. El espectáculo duerme mientras la calle permanece despierta en medio de la noche al ritmo de minifaldas, humo y tacones . Las decisiones toman un instante y casi sin pensarse. Dos corazones arden en un hotel entre risas, cerveza y mujeres. Todo, a los ojos de los enmascarados, brilla con un lujo de Hotel Moderno de la calle Inca. La sangre viva empieza a ceder y su viaje por las venas cesa en un silencio de solutina y alcohol que apaga las flamitas del corazón de dos hombres.
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